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Algunas de
las reflexiones sobre la problemática que se genera a causa de la
comunicación entre el potencial público interesado en la música
clásica y las propuestas sonoras de nuestros compositores actuales,
como casi siempre, suponen debates encendidos y muchas veces de difícil
resolución.
Si bien es
cierto que una parte significativa del problema de la comunicación de
nuestra música actual, por parte de casi todos los elementos que
intervienen en ella, es que sus reglas de juego han sido dictadas desde
posiciones muy rígidas y, desde algunas perspectivas, con enfoques muy
cerrados que cuanto menos provocaban antipatía, tampoco podemos utilizar
este argumento como cerrojo a la escucha de las nuevas propuestas como
esgrimen muchos de sus detractores. La música siempre ha sido algo más,
independientemente de que tengamos que auxiliarnos con palabras para
describirla y así transmitir nuestras sensaciones íntimas a otras
personas. Con las palabras podemos inquirir y refutar, pero el arte de
los sonidos está por encima de estas cuestiones.
Algo de
verdad debe haber en el axioma de escuchar con nuevos oídos, porque a
veces funciona. Evidentemente cualquier afirmación en el sentido que sea
volverá a provocar debate y controversia, pero al menos la experiencia
personal de muchos de nosotros, los intérpretes, es en este sentido.
Tampoco deja
de resultar curioso que, a veces, cuanto menos sensibilizado se está con
la música clásica en general, mejor se reciben las propuestas sonoras de
la música actual, incluso de las comúnmente aceptadas como duras.
Ya digo que no es ésta una información estadística, y que tiene el mero
valor de experiencias personales, pero estos casos también se dan, y no
son pocos.
Fundación
FISAC, Toledo. Personas con capacidad artística, en un contexto
totalmente ajeno a la música y con profesiones relacionadas con otras
áreas, quedaron gratamente sorprendidos de la música de nuestros
compositores actuales, en una mezcla de curiosidad y de haber
descubierto nuevos sonidos, ambientes, o no sabían qué exactamente, pero
que les resultó especialmente atractivo. No todos, evidentemente. Y lo
que resulta más reseñable de esto último es que usaban los mismos
argumentos y preguntas en contra que nuestros colegas intérpretes que
son incapaces de oír más allá de principios del siglo XIX.
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