Carta del director
Camilo Irizo
espaciosonoro@tallersonoro.com

 

Septiembre es el mes en el que inexorablemente volvemos  a instalar la rutina del día a día en nuestras vidas. Es este un mes en el que tras la tregua merecida del verano, retomamos proyectos y, en cierta forma, es el periodo que marca el principio de muchas cosas. Aunque ritualmente reservemos ese honor al cambio de año, es ahora cuando se producen las mayores planificaciones de lo que tendremos que acometer a corto y medio plazo. Comenzamos el curso académico, el curso político, el judicial, y un sinfín de cosas que nos irán introduciendo pausadamente en las cuestiones más importantes del año, sin olvidarnos, por supuesto, de repensar un considerable número de buenas intenciones personales que seguirán siendo postergadas en el tiempo, sin jamás llegar a ser llevadas a su conclusión.

 

En nuestro pequeño/gran mundo musical, también se operan cambios que ya el tiempo y la distancia se encargarán de confirmar si se planificaron o se efectuaron con la idoneidad requerida para cada caso.

 

Es en estas fechas cuando un gran número de importantes festivales comienzan -sirva como ejemplo el XXV Festival de Música de Alicante-  o están en pleno proceso de preparación de sus respectivas programaciones. Nos enteraremos de las nuevas tendencias, de los nuevos compositores que están en fase emergente, de volver a disfrutar de aquellos que sabemos son apuestas seguras -quizás con la expectación de ver cómo van evolucionando sus propios estilos-. De nuestros colegas instrumentistas esperaremos que nos desvelen nuevos caminos hacia la apreciación de la música, estimaremos mediante la escucha sus soluciones a los problemas técnicos y expresivos que nos plantean los compositores, y, en fin, seguiremos disfrutando y aprendiendo.

 

También estaremos pendientes de la publicación del Real Decreto para ordenar las enseñanzas artísticas superiores dentro del Espacio Europeo de la Educación Superior Europea, cuestión nada desdeñable teniendo en cuenta la repercusión que tendrá  en las próximas generaciones de compositores e intérpretes, y que se está gestando en estos momentos.

 

Igualmente esperaremos pacientemente la resolución de las ayudas al Fomento de la Música Contemporánea Española -sin duda necesarias para muchas cuestiones- y su devenir futuro, pues ya sabemos que para el próximo ejercicio económico bajará la partida presupuestaria destinada a Cultura.

 

Lo dicho, periodo para reflexionar y, visto lo visto, para pertrecharse convenientemente contra lo que nos viene.