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Javier Darias, compositor
Manejaba referencias directas de Javier Darias
(Alcoy, Valencia) gracias a alguno de sus alumnos. La defensa apasionada
de su figura como músico y como persona, se vieron rápidamente confirmadas
en nuestro encuentro en una conferencia para jóvenes músicos. Una persona
singular, sin duda. De sus pensamientos nos deja retazos, cortos pero
intensos, para quien quiera entenderlos.
Por Camilo Irizo
Camilo Irizo (Espacio
Sonoro).- Venías a decir, en la
charla que dabas a los alumnos del Conservatorio Francisco Guerrero de
Sevilla, que la edad facilitaba el homenaje a la labor desarrollada a
través de los años.
Javier Darias.- Es lógico que esa labor sea reconocida (en caso de
serlo) cuando han transcurrido muchos años ya que sólo entonces pueden ser
evaluados los resultados obtenidos. Por supuesto que para mí ha sido una
gran satisfacción toda la serie de homenajes organizados por mi 60
aniversario, pero lo mejor de todo ello fue comprobar el afecto y
consideración mostrado por una gran parte de la profesión a la que he
dedicado toda mi vida.
E.S.- Algunos compositores dicen no reconocerse cuando se interpretan
sus obras más tempranas. ¿Tienes tú la misma sensación?
J.D.- No, en absoluto. Precisamente en esa charla a la que hacías
mención recordarás que pasé un movimiento de mi obra Estructuras, de 1979,
y al igual que con todas las de esa década, me siento completamente
identificado.
E.S.- Te has llegado a definir como rabiosamente ultramoderno.
J.D.- Sí, pero con una visión de la ultramodernidad por oposición
total a las corrientes postmodernas. La falta de compromiso del
postmodernismo me exaspera, así como sus relativizaciones y equivalencias.
E.S.- ¿Qué significado tiene para ti el verbo crear?
J.D.- El resultado de un proceso que se inicia con la
interiorización del flujo de información que la historia nos ha legado (nihil
potest creari de nihilo), y que se manifestará posteriormente con la
aparición de las nuevas aportaciones resultantes que identificarán el
mundo interior del creador.
E.S.- ¿Y expresar?
J.D.- La capacidad de establecer y hacer efectiva la comunicación
que permita la recepción de lo creado.
E.S..- ¿Arquitecto
o decorador?
J.D.- Compositor.
La arquitectura y la decoración debieran tener como fin último conseguir
el mayor bienestar de sus moradores, y luego, todo lo demás. La
composición tiene esa "utilidad sutil de lo inútil" que la hace realmente
adorable. Pero, ahora ya, y respondiendo a lo que creo que se me pide:
arquitectura, en cuanto a estructura formal que comunique un orden, pero
un orden unido a la belleza, en el sentido que daban los griegos al
katakosméo.
E.S.- Previo al acto de componer debe existir una buena fuente
"científica" de conocimientos.
J.D.- Creo que el teórico y el investigador deben tener unos
conocimientos extraordinarios acerca del funcionamiento interno de todos
los procesos, tanto pasados como presentes, que se dan cita y que se ponen
en juego en el acto de la creación musical. El compositor, en cambio, debe
centrarse de forma muy precisa en los mecanismos de organización y control
(armonía, contrapunto, estructura formal, fenomenología, …) que le
permitirán comunicar su obra con las mayores garantías de fidelidad y
precisión, respecto a la idea que pretendía comunicar.
E.S.- ¿Cómo se avanza, atendiendo a la mente o al corazón?
J.D.- Creo que depende de las buenas relaciones entre ambos, aunque
preferiría no hacer distinciones entre ellos, pues crea una dualidad
culturalmente manipulada, en donde las respuestas, en cualquier sentido,
están excesivamente preestablecidas.
E.S.- ¿Qué es para ti tu ECCA?
J.D.- Una corrección al sistema, a las iniciativas impuestas por
oscuros burócratas, a inútiles planes travestidos en brevísimos periodos
de tiempo, a burocratizados programas empeñados en uniformar el acceso a
la creación,… Para continuar más tarde como una corrección al sistema de
acceso al mundo profesional, en donde el compositor encuentra la
posibilidad de que sus obras sean estrenadas, su participación en
festivales internacionales, grabaciones discográficas, publicaciones, etc.
y, todo ello, sin la necesidad de caer bien a nadie, ni de ser
políticamente correcto. Y, sobre todo, un colectivo de gente que antepone
a su trabajo conceptos como dignidad, honradez, fidelidad … y a los que
con intensidad quiero y admiro profundamente.
E.S.- Tu libro
Lepsis es sin duda un esfuerzo titánico. ¿Qué cosas esperas exactamente de
él?
J.D.- Ha sido la
respuesta a treinta años de investigación, con la imprescindible
aportación de resultados empíricos; los límites de una entrevista me
impiden entrar en la descripción exhaustiva que merecería, por lo que me
limitaré a una respuesta concisa: no espero nada, pues su presencia es ya
la respuesta que esperaba.
E.S.- La música
debe usarse para ser…
J.D.- Más felices!!!
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