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Carta del director
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A veces, las circunstancias te brindan la singular oportunidad de asistir a eventos que por su naturaleza, alejados de todo atisbo de pretensión más allá del objetivo para el que se concibieron, deberían trascender del contexto para el que fueron ideados. No hace muchos meses pude ver in situ como uno de los grandes maestros que ha dado el clarinete a nivel mundial, Hans Deinzer, daba por finalizado su ciclo como instrumentista y pedagogo con el gesto, tan simple como significativo, de cerrar por última vez su estuche y acompañarlo de un breve comentario a los presentes, a modo de resumen y de aceptación de su nueva realidad, siendo consciente de lo que a partir de aquel momento sería para él comenzar una nueva y esperada etapa de su vida, concluyendo de esta manera una carrera tan personal como brillante. Días atrás también pudimos asistir a otro acto, igualmente íntimo y familiar por el lugar y el ambiente en el que se desarrolló, y quizás uno de los más importantes dentro de los programados con motivo de la efemérides que nos ocupa. En el primer concierto, la esposa e hijo del homenajeado se encargaron de la parte musical y, por supuesto, de aportar los momentos más emotivos al acto. El siguiente día, cinco de los compositores más prestigiosos de nuestro País quisieron estar también presentes en el reconocimiento, regalando cada uno de ellos una breve pieza musical, arquitecturas sonoras que quedaran como recuerdo de tan señalado momento. Los setenta y cinco años de Cristóbal Halffter han supuesto una buena excusa para volver a recordar la importancia de su música. En esta ocasión no fue un adiós y sí la constatación de la pervivencia artística de uno de los músicos más emblemáticos de nuestro País y que tanta influencia ha ejercido sobre generaciones posteriores. Compositor insustituible dentro de la denominada generación del 51, encargada de dinamizar la maltrecha vida musical posterior a la guerra civil y de introducirla en una nueva dinámica de modernidad. Desde estas páginas hemos querido sumarnos a tan significativo acontecimiento, y lo hemos hecho pidiendo prestada la particular voz de todos y cada uno de los compositores que hicieron posible su homenaje sonoro: Tomás Marco, José Manuel López López, Jesús Rueda, David del Puerto y José María Sánchez Verdú. Además, junto con la entrevista a Tomás Marco, uno de sus queridos amigos y compañero de generación, incluimos también un epígrafe de la tesis de uno de los estudiosos que mejor conoce la obra de Halffter, Germán Gan, completando así nuestro particular homenaje. |
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